Un homenaje póstumo a un gran jesuita, el P. José Gramunt de Moragas, SJ
La Paz, 27 de agosto de 2018
Cuando alguien se pregunta: ¿Es o no es verdad?, no puede dejar de recordar la famosa columna de opinión editorial del jesuita y periodista José Gramunt de Moragas, la que se publicó prácticamente desde 1960, no solo en varios medios escritos de nuestro país, sino también del exterior, así como por las ondas de Radio Fides… Y es que todos crecimos escuchando la voz de Pepe Gramunt cada medio día, con ese editorial valiente y crítico que denunciaba siempre, de manera frontal y sin tapujos, aquello que otros callaban.
Dirigió Radio Fides de la manera más acertada entre 1960 y 1986, lo que hizo que ese medio de comunicación sea el más influyente y escuchado de nuestro medio. Fundó en 1964 la Agencia de Noticias Fides (ANF), las más antigua y grande de Bolivia, hoy dirigida por otro joven jesuita que tomó la posta bajo el modelo que Gramunt dejó grabado en letras de piedra y que hoy también genera diversos y contradictorios argumentos entre quienes se sienten aludidos cuando el periodismo no anda con vueltas y muestra de manera frontal la realidad nacional desde la óptica del verdadero sentido de la libertad de expresión, que nuestra Carta Magna proclama y que hoy tanto nos cuesta entender.
Sacerdote que, con la lucidez que lo caracterizó hasta el último día, entregó su vida a los demás, así como lo manda Ignacio de Loyola, el Santo que guió sus pasos en el seguimiento a Jesús, y que él, como un profeta moderno que anuncia y denuncia, supo con el coraje de los grandes, dejar escuchar con su voz la voz de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de expresar sentimientos o angustias, porque simplemente nadie los escucha. Manifestó siempre su fidelidad y amor a Jesús de Nazareth, “el Maestro más insigne de la historia humana” y también a San Ignacio de Loyola, de quien decía, que “sin tener títulos ni doctorados, ni se propuso obtenerlos… fue reconocido siempre de una manera sencilla, como el Maestro Ignacio…”
Noble, piadoso, correcto, buen hombre y jesuita íntegro, supo conjugar el verbo Amar con el de Servir y logró poner toda su capacidad profesional al servicio de nuestra sociedad, la que en 1991, reconociendo sus méritos, le otorgó la nacionalidad boliviana. Abogado de profesión, filósofo y teólogo, dejó todo aquello de lado por lo que verdaderamente le apasionaba, la radio, el escribir, analizar y comentar sobre la realidad nacional… Se especializó en periodismo y en Ciencias de la comunicación en los Estados Unidos de Norteamérica y en España y a partir de ese momento dedicó toda su capacidad y tiempo escribiendo cerca de quince mil artículos y editoriales (si, 15.000) convirtiéndose en un ejemplo orientador para las nuevas generaciones de comunicadores sociales por defender siempre y sobre todo, la libertad de expresión y por la búsqueda permanente de la verdad frente a un mundo en el que la mentira y la corrupción desafían los principios éticos y morales y provocan que los valores en las instituciones políticas, sociales y democráticas de los países, se desmoronen.
En algún momento, y como un visionario, frente al desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, la comunicación y del conocimiento que sorprenden cada día, decía que “los comunicadores no podían quedarse atrás…” siempre su pensamiento estuvo orientado a la búsqueda de un mundo mejor.
En vida recibió incontables reconocimientos de instituciones cívicas, culturales, periodísticas y académicas, una comunidad que manifestó a través de ellos el agradecimiento por todo aquello que el Padre Gramunt le dio a este país.
Muchos recuerdos vienen a mi mente, lo conocí siendo un niño y lo pude ver por última vez pocos días antes de su viaje a la Casa del Padre, besé sus manos, aquellas que alguna vez me hicieron volar y girar cual un carrousel de ensueños…
Paz en su nueva morada celestial, ese infinito etéreo de pura y simple verdad.






Deja un comentario