Para los que siguen la serie EXTRAPOLACIONES creada por Scott Z. Burns les será familiar este artículo, aunque estarán como yo con los pelos parados y la piel de gallina. Para contextualizarlos: Los efectos devastadores del cambio climático sobre nuestro planeta muestran en la serie un futuro distópico, al que no quisiéramos llegar. Empero, de persistir la desmedida ambición humana por ganar dinero sin medir consecuencias podría hacer que terminemos como muestra la serie. Un remoto 2050 con las especies terrestres y marinas extinguidas y altos niveles de contaminación que hacen imposible la vida en el planeta. Padres que muestran a sus hijos modelos plásticos y peluches para que tengan una idea de cómo eran los animales que poblaban la Tierra en 2023. Cada episodio de esta interesante serie se desarrolla en contextos y ciudades diferentes, se muestra cómo viven la crisis y la extrapolan con otras realidades. Muy recomendable para verla, crear conciencia y cuidar desde ahora nuestro ecosistema, porque después será tarde y podríamos llegar a extremos indeseables.
Hoy escribiré sobre otras extrapolaciones, las que vivimos quienes habitamos en esta parte del planeta. Universos paralelos con nombres sofisticados como: La 4T-4ta.Transformación en México; Modelo de Crecimiento con inclusión en Argentina; Modelo Económico Social Comunitario Productivo en Bolivia; Programa Bolsa Familia en Brasil; Plan de la Patria en Venezuela; Modelo económico social cubano de desarrollo socialista en Cuba, etc. Cada gobernante y todos los que lo acompañan ciertamente, cuentan las historias que sus seguidores quieren oír en concentraciones y otros eventos a los que asisten obligados, porque detrás de cada puesto laboral hay miles esperando su turno. Los gobernantes socialistas se sienten orgullosos, no sabemos de qué, ya que donde gobiernan se acrecienta sistemáticamente la pobreza.
Las cifras macroeconómicas que nos muestran a diario los gobernantes de estos universos paralelos, conocidos como pequeños reinos gobernados por Pinochos, se parecen a números imaginarios que la mayoría no sabemos de dónde salen, porque en realidad nuestros salarios -nos dicen que mantienen su valor adquisitivo- cada vez alcanzan menos y apenas para llegar a fin de mes. Es decir, los Pinochos, haciendo honor a la historia del hijo de Gepetto nos mienten todo el tiempo, pero a ellos no les crece la nariz, solo les crece el ego y aparentemente también las cuentas bancarias. El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2022, publicado recientemente por Transparencia Internacional, ubica a Bolivia en el puesto 126 entre 180 países, con una puntuación de 31 sobre 100.
Nuestro propio universo paralelo, obviamente tan parecido a Suiza -todos se mueren de envidia y quisieran venir a vivir acá- aunque no haya dólares circulando porque queremos migrar al Yuan -moneda de nuestro principal socio comercial- aunque cada huevo cueste un boliviano y todos los productos importados subieron de precio porque los importadores libres, mal llamados contrabandistas, adquieren la divisa con la que compran en los países limítrofes a un mayor precio. Pero son solamente especulaciones. Según los Pinochos tenemos la inflación más baja de toda la región (?).
Todos los días, los discursos a los que nos tienen acostumbrados, adornados con un lenguaje refinado y altamente técnico, los spots publicitarios con los que nos saturan hasta el hartazgo extrapolan nuestra realidad a la de otros países haciéndonos creer que vivimos mejor que en Suiza, la pujante Corea o en el Japón tecnológico e industrializado.
Parecen no comprender que los bolivianos nos damos cuenta de que un país industrializado es aquel que garantiza las inversiones y las atrae, que genera fuentes de trabajo con industrias que transforman la materia prima dándole valor agregado para cubrir el mercado interno y exportar los excedentes creando un equilibrio en el comercio internacional.
Somos el país más privilegiado de la región, el que más recursos naturales tiene, cuya población es reconocida por ser trabajadora, creativa y luchadora, pero lastimosamente somos un país altamente dependiente de las importaciones, muchas de ellas llegan a nuestros mercados por la vía del contrabando, saltando controles sanitarios en el caso de los alimentos y de calidad en el caso de productos de consumo. Según la propaganda estatal los pinochos dicen que los niveles de industrialización nos han puesto al nivel de los países del primer mundo. Paradójicamente se acaba de cerrar la planta productora de Urea -por mantenimiento- fracasaron la mayoría de las industrias manejadas por el Estado y las que siguen en pie, generan pérdidas millonarias. Son los empresarios privados los que sostienen la economía y los que cargan en sus espaldas todas las trabas que les pone la burocracia estatal, son los sufren para exportar y también para importar legalmente materias primas.
Qué sería si liberales, conservadores, socialistas, neoliberales, neosocialistas y capitalistas se someterían a la voluntad del pueblo dándole el poder a la sociedad para elegir el modelo económico del país. Conociendo nuestro sistema y a nuestros pinochos, un referéndum de ese tipo solo nos llevaría a una mayor confrontación y a que los políticos embaucadores de todos los frentes se explayen vendiendo universos paralelos. Es que la política no solo es la ciencia y el arte de gobernar, es también el arte de la mentira.
Los modelos económicos mentirosos, aquellos que generan informalidad, desempleo, delincuencia, crisis generalizada, corrupción gubernamental, narcotráfico, destrucción del medioambiente, extractivismo y que apuntan al colapso de la moral colectiva deben ser repensados y cambiados.
Políticos de mi país: Dejen de pensar en ese universo paralelo que da vueltas en sus mentes, abran los ojos a la realidad que vivimos día a día. Entiendan que la informalidad no es señal de crecimiento económico sino una forma de subsistencia que el boliviano ha encontrado gracias a su capacidad luchadora para poder vivir. Que la industrialización no es explotar nuestros recursos y exportarlos sin valor agregado. Que sobrecargar los gastos del estado con un aparato burocrático ineficiente es conducirnos cada día a un abismo. Ahora comprendo lo que un día me comentaba el gran p.Xavier Albó,SJ, en una charla sobre nuestra Bolivia en un viaje a las pampas de Machaca.






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