“Si no tenemos policías, jueces, abogados, fiscales, honestos, valerosos y eficientes; si se rinden al crimen y a la corrupción, están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz.”

Javier Sicilia

«La ley parece existir solamente para los menos afortunados. Los ricos y poderosos la desafían a su antojo, sin temor a castigo alguno, ya que no parece haber un juez en el mundo que no pueda ser influenciado por el dinero«. Esta idea refleja un sentimiento común relacionado con la percepción de la justicia en muchas sociedades, donde se sostiene que las personas con recursos económicos o poder pueden evadir las consecuencias legales con mayor facilidad que los pobres. Un sentimiento que se hace especialmente evidente al intentar llevar a cabo cualquier trámite en Bolivia o sostener un juicio de cualquier índole. Cada gestión se convierte literalmente en una batalla que cambia constantemente de forma, dejándonos como indefensos guerreros enfrentando una cruzada medieval, una odisea, que solo porque somos valientes, nos atrevemos a iniciar. Aunque sabemos que siempre estaremos destinados a perderla.

Ya sea que se intente establecer una pequeña empresa, considerar su cierre, realizar una compra, cambiar el nombre de un vehículo o inmueble, denunciar el robo de un objeto o propiedad ante las autoridades, es iniciar un Vía Crucis tan arduo y doloroso como aquel que Jesús experimentó según las Sagradas Escrituras.

El peregrinaje comienza cargando una mochila repleta de fotocopias de documentos de todo tipo. Uno debe estar preparado incluso para presentar copias de registros tan inusuales como las vacunas, libretas de colegio, o la estampita de la Primera Comunión, ya que nunca se sabe qué podrían pedirnos durante el proceso. Además, se aconseja llevar una reserva de dinero, como un as bajo la manga, por si es necesario «suavizar» ciertas partes clave del engranaje burocrático.

En cada misión a realizar nos encontraremos con escenarios distintos, aunque todos comparten la misma esencia, la corrupción…

En los juzgados, se pueden ver carteles que afirman: “Los Oficiales de Diligencia no reciben ningún pago por notificaciones”. Sin embargo, confiar en que el sistema funcione de esa manera sería una espera eterna. En muchos casos, es necesario recurrir a “sistemas de lubricación” adicionales para agilizar el proceso.

Si nos roban accesorios del vehículo, tenemos suerte, ya que reemplazarlos puede ser relativamente más sencillo y económico que presentar una denuncia ante la Dirección de Prevención de Robos de Vehículos. Si te roban el vehículo completo, necesitamos de una maleta especial aún más grande y con bastantes billetes y además, estar dispuesto a involucrarse activamente en su búsqueda.

Cuando se trata de la inspección técnica vehicular (ITV), es realmente una experiencia única y que requiere de mucha suerte y paciencia. Debemos rezar para que no encuentren defectos inesperados en el vehículo, incluso si es nuevo.

Una observación interesante es la meticulosidad con la que se evalúan los «clics» del freno de estacionamiento de un vehículo particular -no deben pasar de cinco-, a pesar de que los taxis y vehículos de servicio público cuentan con “frenos de cuña bastante más sofisticados” pasando totalmente inadvertido ese pequeño detalle a los ojos de los “expertos”.

Algo que no podemos olvidar es el botiquín. Debe ser lo suficientemente completo como para permitir realizar cirugías menores en caso de accidentes, aunque no tengamos la más peregrina idea de su uso. Es curioso porque siguen pidiendo la presencia de una botella de Yodo, que tradicionalmente se incluía años atrás, aunque hoy en día se sabe que no es la mejor opción para la limpieza de heridas debido a los efectos secundarios negativos, pero hacerle entender eso al “técnico” es más difícil que pellizcar un vidrio.

Llegar del exterior a uno de nuestros aeropuertos y traer algunos regalos consigo, naturalmente requiere de oraciones especiales, sobre todo si el canal marca “aleatoriamente” rojo, ya que los inspectores de aduana son particularmente meticulosos en la búsqueda e inflexibles en la aplicación de la norma. La mayoría de las veces, utilizan su propia norma y no hay forma de explicarles que trajimos, por ejemplo, algunas golosinas para compartir con la familia, porque sacan inmediatamente las normas del SENASAG sobre importación de alimentos. Claro que una vez realizado el decomiso se olvidan de las normas para disfrutar plenamente del delicioso botín.

Puedo enumerar cientos de ejemplos, porque donde vayamos y apretemos saltará una secreción maloliente, porque la corrupción en una sociedad es como el pus en una herida. Al igual que el pus es el resultado de una infección que se ha infiltrado en el cuerpo, la corrupción se infiltra en las estructuras del gobierno y en la moral de una sociedad. Un problema subyacente que debería ser tratado adecuadamente por los gobiernos, pero que paradójicamente ninguno puede erradicar, es más, parece que aumenta a medida que se aumentan los controles y normas. El pus debe ser drenado y eliminado para permitir que la herida sane, la corrupción debería ser expuesta y erradicada para que la sociedad pueda recuperar su integridad y funcionar de manera saludable.

El sistema de licitaciones es algo más complejo, calcular los costos para adjudicarse un proyecto es una tarea que desafía la ciencia de lo absurdo. Ningún cálculo, por más exacto que sea, podrá cubrir las acostumbradas “comisiones”, las variaciones de costo de los materiales y finalmente tener alguna utilidad por el trabajo. En resumen, trabajas para el estado, ganas “experiencia” y alimentas a ciertos parásitos incrustados en los espacios exactos del mecanismo burocrático y que obtienen beneficios personales con tu trabajo.

Este panorama que expongo es una sátira y nada más -no es una apología a delinquir por cohecho pasivo-, cualquier coincidencia con los desafíos que los bolivianos enfrentamos cada día al interactuar con instituciones y sistemas burocráticos del país, es eso “pura coincidencia”. Un dónde y un por qué suceden, son preguntas que solo la paciencia, la suerte y el dinero de los latinoamericanos en general y bolivianos en particular pueden responder. Somos víctimas de un sistema diseñado para que los corruptos se acomoden exactamente en el lugar preciso y cual sumidoras expriman a los ciudadanos que tienen la necesidad de realizar alguna gestión… No por casualidad ocupamos el puesto 128 en el IPC (Índice de percepción de la corrupción) frente a nuestros vecinos más cercanos Uruguay y Chile que ostentan los puestos 14 y 27 respectivamente. Qué envidia… cuánta decepción e impotencia…

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Acerca de este Blog

AleRodríguez, educador y apasionado por la tecnología dedica desde hacen varios años parte de su tiempo a escribir artículos, habiendo publicado los mismos en periódicos locales, El Diario, La Prensa y Página 7 entre algunos.

Actualmente solo lo hace por medios digitales.