Por: Chelo Urjel

A veces no es el trabajo, ni el cansancio, ni el calendario lo que nos quita el tiempo… somos nosotros, llenándolo de cosas sin retorno. Entre agendas llenas y decisiones automáticas, confundimos movimiento con sentido. Este texto, sin fórmulas ni moralejas, solo intenta poner en duda lo que llamamos “invertir bien el tiempo”, y recordar que incluso el reloj cobra intereses.

Nos hemos preguntado alguna vez, en medio del caos de los días, dónde deberíamos poner más energía: ¿jugar más al fútbol u otro deporte que practicas?, ¿visitar a la familia?, ¿ir al gimnasio que siempre juramos que vamos a retomar “el lunes”? La lista es interminable y las excusas todavía más. En el camino, solemos convencernos de que resolver lo inmediato es avanzar, cuando en realidad solo movemos arena de un lado al otro del mismo reloj.

Cada cierto tiempo, si es que ocurre, nos detenemos a pensar: ¿qué es realmente relevante? ¿Dónde está el retorno del tiempo que invertimos? Y lo curioso es que, si somos sinceros, muy poca gente lo hace. En muchos casos vivimos en piloto automático, siguiendo calendarios que deciden por nosotros, reuniones con agendas en las que la mayoría solo calienta la silla porque lo fundamental ya se decidió en pasillos o cafés previos.

La pregunta incómoda surge: ¿cómo medimos lo que nos devuelve el tiempo invertido? ¿Vale más el equipo con el que trabajamos, la felicidad del cliente final, la energía que sentimos después de una decisión… o el número de personas que dejan de saludarnos por haber tomado esa decisión? No es un examen sencillo, pero es un examen que rara vez intentamos rendir.

Tal vez la métrica no esté en la productividad ni en los aplausos, sino en la capacidad de dormir tranquilos después de lo que hicimos. En reconocer que seguir en algo o dar un paso al costado también es un cálculo de retorno, aunque no tenga tablas de Excel ni gráficos de PowerPoint.

Quizás la clave no esté en encontrar la fórmula mágica del retorno de inversión de nuestro tiempo, sino en aceptar que el tiempo siempre gana. Podemos seguir creyendo que “todo suma”, frase favorita de los mediocres motivados, pero en realidad solo posponemos el momento de admitir que no todo lo que cansa construye, ni todo lo que rinde vale la pena.

El verdadero ROIRetorno de la Inversión por sus siglas en inglés- aunque duela admitirlo, no está en cuánto ganamos ni en cuántos nos aplauden, sino en qué tan vivos nos sentimos después de cada decisión. Marco Aurelio decía que “la pérdida no es otra cosa que la transformación”. Claro que él no tenía que asistir a tres reuniones por Zoom antes del almuerzo. Pero al menos entendía que nada externo puede robarnos el tiempo si ya decidimos a quién se lo regalamos.

Y tal vez ahí esté el vínculo con aquel sorbo olvidado (mi anterior articulo): porque lo pequeño, lo cotidiano y lo invisible suelen ser los únicos retornos que de verdad nos pertenecen. Todo lo demás, reuniones, agendas, métricas, es solo el vapor del café que se enfría mientras seguimos calculando el valor de lo que ya pasó.

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Acerca de este Blog

AleRodríguez, educador y apasionado por la tecnología dedica desde hacen varios años parte de su tiempo a escribir artículos, habiendo publicado los mismos en periódicos locales, El Diario, La Prensa y Página 7 entre algunos.

Actualmente solo lo hace por medios digitales.