La tan esperada Resolución 001/2026 del Ministerio de Educación ha roto finalmente con la inercia del “copy-paste” administrativo que caracterizaba las de últimas dos décadas, donde apenas se alteraban fechas y firmas. Hoy nos enfrentamos a un texto renovado y polémico, especialmente en lo que respecta a la prohibición absoluta de dispositivos móviles en el aula.
Bajo la premisa de que restringir el uso del celular —tanto a alumnos como a docentes— reducirá las distracciones y combatirá el ciberacoso el Viceministerio apuesta por un retorno al enfoque tradicional para elevar el rendimiento académico, mitigar las distracciones y además de establecer un entorno seguro frente al acoso escolar en línea.
Me surgen varias preguntas:
- ¿Será esta la solución o simplemente un retroceso?
- ¿No será momento de analizar cuál es la importancia de la tecnología en el sistema educativo de nuestro país?
- ¿Prohibir el celular en el aula no será es una forma de “nuevo zurdismo” de la educación: en lugar de adaptar el pupitre para que el alumno escriba con su mano más hábil —la digital—, pretendemos atársela a la espalda para que aprenda a la antigua?
De seguro cada uno de los lectores tendrá su propia respuesta, de hecho me gustaría que puedan compartirlas conmigo en los comentarios.
Hagamos un análisis previo del contexto. Hasta el año 2025 en el mundo sumaban 79 los países que prohibieron el uso de celulares en los colegios o que han definido restricciones significativas sobre su uso para mejorar la concentración y el bienestar estudiantil, en algunos de ellos las prohibiciones son totales, en otros se mantienen regulaciones más estrictas.
La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) expone varias razones al respecto en el Informe GEM 2023:Tecnología en la educación, entre las que me permito citar las partes que considero las más pertinentes para este análisis:
- Las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) llevan un siglo aplicándose en el sector educativo, prácticamente desde la popularización de la radio en la década de 1920. Sin embargo, el uso de la tecnología digital durante los últimos 40 años es el que tiene un mayor potencial para transformar la educación.
- La adopción de la tecnología digital ha propiciado numerosos cambios en la educación y el aprendizaje. El conjunto de competencias básicas que se espera que los jóvenes aprendan en la escuela, al menos en los países más ricos, se ha ampliado e incluye ahora otras muchas nuevas para desenvolverse en el mundo digital. En muchas aulas, se ha sustituido el papel por pantallas y los bolígrafos por teclados.
- Sin embargo, es poco probable que su educación sea tan pertinente sin la tecnología digital. En la Declaración Universal de los Derechos Humanos se establece que la educación tiene por objeto el “pleno desarrollo de la personalidad humana”, el “fortalecimiento del respeto […] a las libertades fundamentales” y el fomento de “la comprensión, la tolerancia y la amistad”. Esta noción debe adaptarse a los nuevos tiempos.Una definición ampliada del derecho a la educación podría incluir un apoyo efectivo de la tecnología para que el estudiantado alcance su potencial, con independencia del contexto o las circunstancias.
- Se necesitan objetivos y principios claros para garantizar que el uso de la tecnología resulte beneficioso y evitar posibles perjuicios. Los aspectos negativos y perjudiciales del uso de la tecnología digital en la educación y la sociedad incluyen, entre otros, el riesgo de distracción y la ausencia de contacto humano.
- La tecnología no reglamentada supone incluso una amenaza para la democracia y los derechos humanos, por ejemplo, mediante la invasión de la privacidad y la incitación al odio. Los sistemas educativos deben estar mejor preparados para impartir enseñanza sobre y mediante la tecnología educativa, una herramienta que debe proteger el interés superior de estudiantes, docentes y administradores.
Ante el desafío que representan las nuevas tecnologías en el ámbito educativo, resulta imperativo definir, en primera instancia, qué competencias digitales pretendemos alcanzar al momento de diseñar el currículo de cada asignatura. Si bien muchos países han incorporado este tipo de competencias en sus sistemas educativos, en la mayoría de los casos estas no han sido definidas desde entornos pedagógicos, sino bajo criterios estrictamente comerciales. Por ello, es importante que los docentes estén debidamente capacitados para integrar transversalmente herramientas digitales y transformar el aprendizaje haciéndolo más dinámico.
Por otro lado, en nuestro país, la brecha educativa entre las áreas rural y urbana continúa siendo profunda. En el área rural, los estudiantes carecen de oportunidades de acceso a tecnología digital en sus escuelas; mientras tanto, en el área urbana, solo un porcentaje muy bajo de instituciones cuenta con el «piso tecnológico» necesario para que los maestros integren la tecnología de manera efectiva en las distintas áreas del saber. La Ley educativa Avelino Siñani, Elizardo Pérez, más que pretender mejorar la calidad de la educación tuvo por objetivo una dogmatización y una instrumentalización ideológica para los propósitos del gobierno de turno que la elaboró, por lo tanto debe ser radicalmente cambiada y a la brevedad.
En la educación privada se observa un fenómeno distinto pero igualmente complejo: aunque muchos colegios cuentan con la infraestructura adecuada —ya sea en aulas, laboratorios de informática o robótica—, los docentes suelen estar poco preparados o carecen de la confianza necesaria para incorporar estas herramientas en su práctica diaria. Esto provoca que persistan estrategias de enseñanza del siglo pasado bajo la premisa de que «aún funcionan». En consecuencia, el paso fundamental antes de iniciar cualquier plan de capacitación docente debe partir por definir con precisión cuáles son las competencias tecnológicas que el docente debe poseer para transformar realmente el proceso de enseñanza en algo productivo para los estudiantes.
Por tanto, luego de analizar este complejo contexto, tenemos que preguntarnos ¿qué tan pertinente puede resultar la prohibición del uso de celulares en el aula?. Quiero aclarar que soy un convencido y defensor del uso de tecnología en el aula, así como la de los teléfonos móviles, las he usado, así como muchos colegas docentes, con muy buenos resultados.
Si bien estamos concientes que como desventaja tenemos que los teléfonos móviles se constituyen en un elemento distractivo y que a la larga provoca cambios estructurales y funcionales en regiones del cerebro ligadas al procesamiento emocional, también, nobleza obliga, debemos recalcar que como beneficio tenemos que decir que usar aplicaciones digitales en plataformas o entornos virtuales controlados (LMS – Learning Management System por sus siglas en inglés) las que optimizan el aprendizaje digital y estimulan la actividad cerebral mejorando procesos cognitivos como la atención, la memoria y el pensamiento crítico, gracias a que la neuroplasticidad del cerebro, en su capacidad de adaptarse, y al recibir otro tipo de estímulos forma nuevas conexiones neuronales y al igual que los videojuegos, potencian habilidades cognitivas como la atención, memoria y resolución de problemas, mejorando también la capacidad estratégica y de liderazgo, fomentando el trabajo en equipo y la creatividad, debido a la estimulación de áreas cerebrales y la liberación de dopamina. Por lo tanto no todo es malo y no se puede condenar al destierro a una herramienta educativa por excelencia.
En un mundo en el que las habilidades digitales son importantes para el futuro laboral de las nuevas generaciones de profesionales, soslayar que es tan valioso saber escribir en un papel con un bolígrafo así como lo es dominar el uso de la información digital y que el adquirir el hábito de tomar un libro físico, leerlo e interpretar lo escrito es tanto o más significativo que utilizar las pantallas táctiles para leer o escribir es un grave error que a la larga nos va a significar un gran retroceso.
Por tanto la idea debe ser regular y dosificar logrando un equilibrio entre la educación tradicional y la educación digital pasando por enseñar a los estudiantes a autorregularse y hacer uso responsable de la tecnología, estableciendo límites claros en el aula. Pero el gran problema está en el hogar, allí donde se satisfacen todas las exigencias de los hijos y donde a los padres les cuesta mucho decir un “no” rotundo cuando desde los más pequeños exigen teléfonos móviles de alta gama cargados de juegos, acceso irrestricto a la red Internet, sin ninguna orientación. Y me viene a la mente la película Frankenstein recientemente estrenada en una plataforma de streaming bajo la dirección del mexicano Guillermo del Toro y basada en la novela de Mary Shelley de 1818 cuyo argumento muestra a un científico que crea vida a partir de restos humanos, dejando al abandono a su creación en una suerte de resentimientos, venganzas y tragedia poniendo en duda la ética y la responsabilidad del creador frente a su creación.
Haciendo una analogía con nuestro tema principal, al dictar una normativa de este tipo el Estado muestra una suerte de paternidad temerosa sobre el uso de las nuevas tecnologías, y pone a los docentes y padres de familia en una situación de ignorancia frente a los estudiantes ya que ellos, lo sabemos, resultan sabiendo más que los progenitores y maestros. Al igual que en la novela Victor Frankestein fue superado por su criatura, que lo domina, desarrolla por su cuenta y logra adquirir una capacidad analítica muy superior a la de muchos humanos, así nuestros jóvenes por experiencia propia, sin guía o referente, apoyados por su curiosidad y creatividad son cada día más virtuales mientras que padres y maestros están muy lejos de ese conocimiento.
No podemos excluir la tecnología del ámbito educativo, del aula concretamente, donde el maestro ya sea con herramientas tradicionales o digitales, con creatividad y poniéndole ese toque de amor por la profesión, la convierte en un lugar en el que se crea la magia de la educación, transformando el proceso enseñanza-aprendizaje en una experiencia memorable convirtiendo un contenido frío en habilidades cognitivas, en conocimiento.
La tecnología está adquiriendo cada día un poder ilimitado, los “nativos digitales” que no han recibido ningún tipo de orientación la usan indiscriminadamente, los maestros tienen miedo de enfrentar ese monstruo conocido como Inteligencia Artificial, ahí volvemos al relato de Frankenstein en el que la criatura es subida a un barco donde encuentra a su padre quién escucha su historia, eso lo ayuda a encontrarse a sí mismo. No permitamos que la historia de la educación y la tecnología termine de la misma manera que termina la criatura de Victor. Esta es solo una analogía del miedo frente a los resultados del progreso de la ciencia y la tecnología.
Concluyo este artículo pensando en voz alta: hay métodos tecnológicos para regular y controlar el acceso a aplicaciones no deseadas durante los horarios de clases usando software como las MDM (Mobile Device Management por sus siglas en inglés) que permiten controlar remotamente dispositivos en ambientes supervisados –obviamente con la aceptación y apoyo de los padres de familia mediante un consentimiento escrito– haciendo de los teléfonos celulares o tabletas en los tiempos de clases verdaderas herramientas educativas que coadyuven a una aprendizaje dinámico y significativo.
El ciberacoso normalmente no se da en el aula en los horarios de clases, se puede dar en cualquier momento y lugar por lo tanto ese argumento no es válido. Si se quisiera tomar una decisión seria al respecto deberíamos seguir el ejemplo de Finlandia que ha prohibido taxativamente el uso de dispositivos móviles a niños menores de 16 años o quizá empezar por concientizar a los padres que la “nana cibernética”, ese moderno fenómeno social en el que los progenitores delegan el cuidado y entretenimiento de sus hijos a dispositivos electrónicos como tabletas y teléfonos celulares, puede crear criaturas tan peligrosas como la de Victor en la novela.

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