A mi Promoción 1975 del Poderoso San Calixto en sus 50 años.

«Ni el más grande de los éxitos se puede comparar a la felicidad de tener un buen amigo».
Juan Armando Corbin

Remontarse a la década de los 60’s, aquellos años en los que un grupo de padres buscaba colegio para sus hijos -nosotros-, es remover un cúmulo de recuerdos de tiempos en los que una casualidad iniciaba un vínculo fraterno que hoy podríamos considerarlo como una hermandad, que perdura en el tiempo y que se fortalece día a día.

Anécdotas hay muchas. Tantos años compartidos da para comenzar a contarlas y no parar nunca. Pero quisiera, más que recordar los momentos vividos, encontrar aquello que marcó nuestras vidas, que nos unió y nos hizo lo que somos ahora, profesionales buenos, sensibles y comprometidos con la sociedad y en el plano personal nos hizo algo más que buenos amigos.

Eso que intento encontrar, escudriñando entre los recuerdos, tiene un nombre: San Calixto, tiene personas concretas y tiene unas características que quedaron grabadas en nuestros corazones como si ese pequeño escudo de metal que solíamos llevar cosido en el bolsillo del lado izquierdo del saco atravesara mágicamente nuestra piel y en candente brillo marcara todo aquello que hoy recordamos con tanto cariño. Nuestro colegio, los años vividos en sus patios, las personas que nos formaron, los amigos, los juegos en los que terminábamos rompiendo los bolsillos con el peso de las canicas ganadas, el famoso y varonil “chorro morro”, los concursos de choca, de yo-yo o el mágico trompo que desde ese cordón era lanzado y hábilmente volaba de vuelta a nuestras manos. Las aulas antiguas y esos viejos pupitres fueron mudos testigos de nuestros años de niñez y juventud.

Recordar a esos jesuitas que fueron no solo nuestros maestros y consejeros, fueron también un ejemplo de vida, de dedicación y de compromiso con Dios, ellos nos enseñaron a amar a la Virgen María a la que nuestros padres nos consagraron hace 59 años, dejándonos bajo el amparo de su manto sagrado, esos sacerdotes también fueron quienes nos inculcaron que el Amar y Servir es el único camino que nos acerca a nuestros semejantes y a través de ellos, a Dios

Somos una generación privilegiada, tuvimos a los mejores padres, los más destacados maestros y fuimos parte de una institución centenaria y patrimonial que ha formado a los mejores hombres de esta sociedad. Allá por el año 1981, por decisión de la Compañía de Jesús, San Calixto abrió las puertas a las niñas convirtiéndose en coeducativo, efecto de los cambios de una sociedad más inclusiva. A partir de ese momento también engrosaron las filas de alumnos y antiguos alumnos valiosas mujeres que tuvieron que luchar con la tradición y la “señal de virilidad” que los calixtinos llevábamos grabada desde siempre, ese giro dio pasó a una “señal de fraternidad” que hoy marca la característica del Himno al Colegio San Calixto.[1]

Hablar de la formación que recibimos es hablar fundamentalmente del aporte de los jesuitas que reforzaron en nosotros los cuatro pilares que marcaron nuestra educación y que a través del tiempo son la característica que cada calixtino y calixtina muestra una vez que sale de esas aulas como si se tratase de un “equipaje para triunfar”, y no hablo de dinero, sino de triunfar en la vida como seres humanos.

Nos enseñaron a conocernos a nosotros mismos, mediante el discernimiento y la reflexión, conociendo nuestras fortalezas y debilidades y sabiendo siempre a dónde queremos llegar. Aprendimos a ser ingeniosos y adaptarnos con facilidad a los cambios que vivimos desde nuestra niñez a la actualidad. Nos enseñaron también que el amor al prójimo es una actitud que nos acerca y nos hace crecer en el servicio y finalmente aprendimos a ser fuertes en la adversidad, una actitud que nos permite ayudar a los otros desde nuestras trincheras profesionales, fortaleciéndonos con ello para intentar hacerlo mejor cada día. Fuimos forjados en el tiempo como una especie de héroes anónimos, es decir, formados para ser líderes en la sociedad, lideres en el servicio y eso es lo que nos hace diferentes.

Hablar de nuestros años de escolaridad es recordar a mujeres y hombres que nos guiaron en las artes y ciencias. Cómo no recordar a Dña. Robertina Caballero, Roberto Soto, Alex Valdez, Rolando Lozada, Víctor Aliaga, Hercilia Taboada, Ciro Canelas, Aldo Arana, Franz Pereira, Jorge Salinas, Freddy Michel, Heriberto Aramayo, Hugo Céspedes, Ma.Victoria Soliz, Hugo Rojas Lara, Rita Velarde, Hugo Guzmán, Amparo Samaniego, entre muchos y nuestros maestros jesuitas, Xavier Cerdá, Vicente Beneyto, Mateo Garau, Guillermo Carrero, Jesús Auñón, Augusto Rosillo, Lino Martínez, Gustavo Iturralde, Jorge Rocha, Jimmy Zalles, Enrique Oizumi, Gabriel Codina y otros. Cuántos recuerdos de cada uno de ellos y de muchos otros que escapan de mi memoria.

Somos calixtinos a mucha honra, nos enorgullecemos de serlo y de formar parte de una comunidad que no solo se circunscribe a los “sexicentenarios” de la setenta y cinco, sino que cada año se sustenta más y crece fortalecida con sangre nueva de las últimas generaciones que se suman a esa pléyade de Antiguos Alumnos. “Levantas una piedra y encuentras a un calixtino” dicen, y de verdad que es así, ¿dónde no estamos presentes?, hay de todo y en todas partes. De hecho, se arrojó mucha semilla, muchas cayeron en tierra fértil, alguna en el asfalto.

Estamos muy cerca a recordar nuestro quincuagésimo aniversario de egreso, prácticamente una vida entera y son tiempos en los que hemos madurado y comprendemos que la mayor riqueza que tenemos acumulada está formada por las personas que nos rodean, nuestra familia nuclear en primer lugar, a la que amamos entrañablemente, y la familia que nosotros elegimos que son aquellas personas con las que crecimos, con las que aprendimos a vivir, los hermanos que somos parte de esta valiosa promoción. Nos identificamos como Sesquicentenario de la República, un importante momento en la historia de nuestra patria porque en 1975 se cumplían precisamente 150 años de su fundación, en el año 2025 -50 años después- Bolivia cumplirá 200 años y nosotros recordaremos 50 años de haber salido del Sanca. Crecimos juntos y aportamos mucho a fortalecerla en estos años, hemos dado buenos hijos/ciudadanos a este país, profesionales jóvenes, honestos y trabajadores. Los hemos formado con amor, transmitiéndoles los mismos valores que en su momento recibimos de nuestros padres, aquellos valores que no cambian con el tiempo, por eso también debemos estar orgullosos.

Es un tiempo de festejo, pero también de reflexión. Cumplir 50 años de nuestro egreso del colegio es llegar a un punto de la vida en el que tal vez no consideramos haber llegado a la cima y que aún nos falta camino por andar. Pero debemos estar conscientes que, a partir de este momento, los pasos serán lentos y cansinos. Quizá tengamos más ganas de compartir con nuestros hijos que de trabajar, aunque ellos ya no estén con nosotros porque habrán formado sus propias familias y vivirán la vida a su propio ritmo. No los perdimos, pero como dice García Márquez, “Llega un tiempo en el que los padres nos quedamos huérfanos de nuestros hijos”.

Entonces vemos que quizá solo nos quedan los amigos/hermanos de toda la vida para compartir, para contarles nuestras penas y alegrías y escuchar las cuitas del otro, para recordar los buenos momentos y recordar también a los compañeros que ya no están con nosotros porque el destino les marcó un camino diferente, pero los tenemos inmortalizados en nuestros corazones y no echados al olvido.

Que este próximo aniversario especial, el de nuestras Bodas de Oro, renueve el compromiso de unidad de la Promoción 1975, aunque veo con algo de pesar que hemos dispersado la fuerza de la amistad en pequeños grupos. Son varios años que no rompemos el extraño sortilegio de reunirnos como lo hicimos en nuestros 25, o en los 40 años, más considero que nunca es tarde. Uno de los compañeros me dijo un día, “Ahora somos nosotros los que estamos en la lista de espera y empezando la cuenta regresiva”. Por ese motivo no es momento de sentarse a esperar el dulce abrazo de la muerte. Es tiempo de vida y hay que aprovechar cada minuto como si fuera el último.

Que este aniversario mágico, donde revivimos el Libro de oro de la Promo, recordamos los años dorados y celebramos las próximas Bodas de Oro, nos devuelva esa la locura que menciona Michael Caine: “El problema del oro es el efecto que provoca. La gente se vuelve loca.”.

Seamos locos, pero locos lindos…


[1] La primera promoción mixta egresó del colegio en 1992

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4 respuestas

  1. Avatar de José Jiménez Aramayo
    José Jiménez Aramayo

    un artículo reflexivo,histórico y lleno de cariño y hermandad dedicado a los 50 años de la Promo 1965 del Sanca. Gracias Ale. Un inmenso abrazo

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    1. Avatar de Ale Rodríguez V.
      Ale Rodríguez V.

      Muchas gracias mi querido Pepe, por visitar mi sitio, leer el artículo y por tus palabras que me llenan de satisfacción.
      Un fuerte abrazo.

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  2. Avatar de José Luis Calderón Zeballos
    José Luis Calderón Zeballos

    Querido Ale te felicito por tu forma de escribir tan simple y tan emotiva que sintetizas momentos vividos transportándonos a esos años dorados, realmente es un don que tienes al escribir, un fuerte abrazo

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    1. Avatar de Ale Rodríguez V.
      Ale Rodríguez V.

      Gracias querido Tuto, por visitar mi sitio, leer el artículo y por tu comentario tan halagador.
      Un fuerte abrazo.

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Acerca de este Blog

AleRodríguez, educador y apasionado por la tecnología dedica desde hacen varios años parte de su tiempo a escribir artículos, habiendo publicado los mismos en periódicos locales, El Diario, La Prensa y Página 7 entre algunos.

Actualmente solo lo hace por medios digitales.