
El avance de la tecnología en los últimos años es incontenible, la creatividad y la inteligencia del ser humano sorprende y a veces hasta asusta, en poco tiempo fuimos capaces de dar pasos increíblemente grandes. Llegamos a Marte y vamos camino a más descubrimientos en el universo; nuevos teléfonos inteligentes que superan a los anteriores en potencia y capacidad de procesamiento; computadores cuánticos que ejecutan programas funcionando como partículas atómicas, con hardware y software que interactúan simulando la forma en que los tejidos humanos se relacionan entre sí; sistemas de reconocimiento facial que permiten mediante tecnología Big Data acumular e instrumentalizar varios millones de datos, utilizados en China durante la pandemia en 2020. Vivimos en la era de imágenes e impresión de objetos en 3D, juegos en realidad virtual y vehículos que pueden conducirse solos, ya nada nuevo que venga debe sorprendernos.
De todos estos avances tecnológicos, el que más comentarios, susto y preocupación causa es sin duda alguna la Inteligencia Artificial (AI por sus siglas en inglés) posicionada en medios y plataformas digitales desde que emergió la aplicación CHAT GPT en la que muchos empezamos a experimentar con ella.
Hablamos de la AI, pero no todos comprendemos su verdadera dimensión, cuánto nos puede ayudar y cuánto daño nos puede hacer. Empecemos, esto no es algo nuevo, convivimos e interactuamos con sistemas de inteligencia artificial desde hace mucho tiempo; si hacemos una retrospectiva, en 1936 Alan Turing, considerado como uno de los padres de la computación, publica un artículo polémico sobre los que denomina «Números Calculables», estableciendo las bases teóricas de los algoritmos. Quizá lo recuerden por la película ENIGMA, él, quien con la ayuda de una máquina que diseñó, logra descifrar mensajes secretos codificados hábilmente por los nazis. En 1943 el neurocientífico Warren McCulloch, considerado como un charlatán por Turing, se unió con Walter Pittsel y desarrollan la primera teoría matemática del cerebro. Su modelo se llamó “Modelo de neuronas artificiales”, considerado como la primera teoría matemática del cerebro, podemos decir que fue el primer trabajo de inteligencia artificial, aun cuando en esa época no se conocía el término.
Interactuamos todo el tiempo con tecnología: navegadores de Internet, asistentes virtuales como: Alexa de Amazon, Google Home, Siri de Apple; teléfonos Smart; dispositivos remotos de control, etc., todos ellos basados en algoritmos e AI. Si hablamos de inteligencia artificial no pensemos que sólo existe CHAT GPT, que todos conocemos y que por comentarios sabemos que prácticamente lo resuelve todo, hay muchas otras: Midjourney que crea arte digital, My Heritage genera imagenes, Boomy para crear canciones, Tome genera presentaciones digitales, Synthesia que convierte texto a voz (creando un personaje relator muy natural y “humano”) entre otras. Ninguna de estas funciona en base a algoritmos definidos, es decir no memorizan, sino que razonan en base al requerimiento de los usuarios y aprenden en base a la interacción con ellos.
Grande es la preocupación de los maestros de colegios secundarios y universidades, ya que los estudiantes utilizan con mayor frecuencia CHAT GPT para elaborar y presentar trabajos, ensayos y otros requeridos por escrito. Esto tampoco es nuevo, y no se sorprendan queridos maestros si en el pasado calificaron con notas altas trabajos de sus estudiantes elaborados en base al copiado y pegado (COPY / PASTE) de fuentes de la Internet. Algunos maestros hábilmente utilizaban medios, algo artesanales podríamos decir, para detectar el plagio en los trabajos y lograban hacerlo bien, pero varios los aceptaba como válidos.
Educar en la era de la Web 2.0 y en la denominada sociedad de la información es algo complejo si mantenemos sistemas y estrategias tradicionales e intentamos integrarlos en un ámbito altamente tecnológico, mismo que no alcanzamos a conocer en su verdadera dimensión. Usamos actualmente presentaciones elaboradas en PowerPoint y videos para las clases magistrales como medio de mostrar que estamos innovando, aunque el contenido, formato de las diapositivas y la metodología son tradicionales, monótonos y lamentablemente poco atractivos para los estudiantes.
Introducir tecnología en el aula no significa innovación, innovar pasa por un cambio de mentalidad y transformación de los actuales roles de maestros y estudiantes, pasando de ser sujetos activos unos y pasivos los otros a intentar que los estudiantes tengan una mayor participación en el proceso y sean quienes propongan estrategias y metodologías de acuerdo con sus expectativas, es decir sean protagonistas y también responsables del proceso enseñanza-aprendizaje.
Un maestro del s.XXI debe adquirir nuevas competencias acordes con la realidad de la educación y del contexto en el que se desenvuelven sus estudiantes. Manejo de Recursos Educativos Abiertos (REA), tecnologías móviles y su uso en aula, aprovechamiento del potencial de la Inteligencia artificial, utilizándola de manera que sea el docente el que proponga actividades y su utilización mediante contenidos personalizables, creando dinámicas de discusión y contrastando los resultados obtenidos por la AI con los elaborados manualmente por otros estudiantes. Enseñar a recrear eventos históricos en imágenes o texto mediante aplicaciones de AI y proponerles un: “cómo habría sido si…”
Es decir, brindando nuevas oportunidades, formas y alternativas creativas para mejorar el aprendizaje, y sobre todo no temer, aprendiendo también de nuestros estudiantes que tienen mucho por enseñarnos.
A medida que la AI se introduce en la educación se empiezan a debatir también las preocupaciones de los educadores respecto a aspectos éticos y los alcances que pueda tener la inteligencia artificial en el futuro. Pero, en definitiva, es una puerta que se abrió y que difícilmente podrá cerrarse nuevamente para echarse atrás, por lo tanto, es un tren al que debemos subirnos todos o quedaremos anclados en el pasado.






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