por Chelo Urjel

Hay un momento en la vida, un punto de cansancio, lucidez o simple saturación emocional, en el que uno descubre algo que debería venir impreso en el certificado de nacimiento: todos estamos heridos. No algunos. No “los sensibles”. No “los complicados”. Todos, sin excepción.

Y el kit es siempre el mismo: abandono, rechazo y vergüenza. El trípode emocional sobre el cual se sostienen nuestras historias personales… y, si miramos con atención, también nuestras historias políticas.

A todos nos avergonzaron de niños, nos apuraron, nos compararon, nos dejaron esperando, nos corrigieron con ira y nos hicieron sentir menos. Crecimos con heridas que nadie nombraba, y con la absurda idea de que sería la pareja, pobrecita ella o él, quien tendría que repararlas. Una tercerización emocional sin contrato ni aviso previo.

Así nacen las relaciones basadas en el miedo: miedo a que me rechacen otra vez, a que me abandonen otra vez, a que me avergüencen como entonces. Y desde ese miedo, uno deja de amar y empieza a vigilar; deja de acompañar y empieza a exigir. La relación se convierte en un campo de batalla emocional en el que el enemigo no es el otro, sino uno mismo.

Yo sigo creyendo en el amor, sí, pero solo bajo una condición incómoda: mis traumas son mi responsabilidad. No son tareas para que otro las haga por mí.

Y aquí entra algo que aprendí a los golpes y gracias a las pocas personas que realmente importan, familia y amigos que se cuentan con los dedos: uno no puede vivir y pelear al mismo tiempo.

Como muchos, durante mucho tiempo, estábamos demasiado ocupados peleando: queriendo tener razón, queriendo demostrar, queriendo ganar cada conversación, cada espacio, cada discusión interna. Hasta que alguien me dijo: “¿Ese quiere tener la razón? Que se la lleve. Que se quede con ella. A nosotros que nos dejen la paz.” Ahí entendí que con la cabeza se hacen planes, pero con el corazón se hace la vida; que la cabeza pregunta porque nunca sabe; y que el corazón no pregunta porque ya sabe que nacimos para amar, no para pelear.

Por eso la pregunta hoy es inevitable: ¿cuándo vas a dejar de pelear para empezar a vivir?

Y mientras algunos trabajan en eso, hay otros (en la vida personal, en la sociedad, en la política) que han decidido mantenerse fieles al trauma. Para facilitarles el proceso, acá va esta guía irónica, pero tristemente precisa.

10 PASOS PARA SEGUIR TRAUMADO
(manual útil para individuos y también para ciertos personajes nacionales)

  1. No te hagas cargo de nada.
    Culpar siempre es más fácil. La narrativa de víctima te queda cómoda.
  2. Quejarte es más fácil que cambiar.
    Repetí tu historia diez veces, pero con más drama. El cambio destruye el libreto.
  3. Confunde abandono con consecuencia.
    Si traicionaste a quienes te apoyaron, rompiste tu palabra o actuaste por detrás de quienes te sostuvieron…no digas que “te dejaron”. Decí que “te abandonaron”.
    La responsabilidad personal arruina la épica.
  4. Reacciona desde el ego antes que desde el corazón.
    El corazón construye. El ego incendia. Para sostener tu trauma, elegí siempre el fósforo.
  5. Sobrestima tu rol, subestima tu impacto.
    Creete imprescindible. Así nunca tendrás que enfrentar una crítica real.
  6. Rodéate de aliados descartables.
    No cultives relaciones; colecciona oportunistas. Cuando se vayan, repetís tu frase favorita: “Otra vez me traicionan”.
  7. Habla rápido, piensa lento (o no pienses).
    La reflexión trae crecimiento. El impulso trae caos. Elegí lo segundo: es más emocionante.
  8. Usa tus traumas como escudo.
    Transformá tus heridas en excusas para contradicciones, ataques y discursos cambiantes.
    “No actué mal, actué herido”: clásico infalible.
  9. Viví para tener razón, no para tener paz.
    La paz exige trabajo interior. La razón solo exige volumen.
  10. Nunca preguntes cuándo vas a dejar de pelear para empezar a vivir.
    Si lo haces, capaz descubres que no necesitas el conflicto. Y ahí sí… ¿con qué seguirías justificando todo?

Lo irónico, y lo triste, es que este manual no solo describe comportamientos personales, sino también fenómenos sociales y políticos que vemos a diario. Personas que cargan heridas tan viejas que confunden consecuencias con traiciones; que se victimizan después de traicionar; que viven desde el ego herido, no desde la convicción; que interpretan la distancia como abandono sin preguntarse qué hicieron para generarla.

La gente lo nota. La sociedad lo huele. El ciudadano común sabe distinguir entre liderazgo y ruido emocional. Entre coherencia y caos disfrazado de valentía. Entre amar al país y amarse solo a sí mismo.

Porque, al final del día, una persona, y un país, solo avanza cuando deja de pelear y empieza a vivir. Cuando deja de justificar sus heridas y empieza a sanarlas. Cuando deja de reaccionar desde el ego y empieza a actuar desde el corazón.

La vida siempre hace la misma pregunta, firme y clara:¿Vas a seguir peleando? ¿O vas a empezar a vivir?

La respuesta define al individuo.
Pero también define el país que pretendemos construir.

Podcast también disponible en PocketCasts, SoundCloud, Spotify, Google Podcasts, Apple Podcasts, and RSS.

Deja un comentario

Acerca de este Blog

AleRodríguez, educador y apasionado por la tecnología dedica desde hacen varios años parte de su tiempo a escribir artículos, habiendo publicado los mismos en periódicos locales, El Diario, La Prensa y Página 7 entre algunos.

Actualmente solo lo hace por medios digitales.

Últimos artículos…

Descubre más desde AleRodriguez.net

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo