Homo Digitalis: El Ocaso del Pensamiento Crítico
Por: Alejandro M. Rodríguez V.
«Los nativos digitales son un mito, una
leyenda urbana, lo que hemos hecho a
nuestros hijos en nombre de la codicia
es imperdonable».
Michel Desmurget
Doctor en Neurociencia
*Cretinada: Según la RAE (Un hecho o comentario necio, tonto o grosero)
Estoy convenciéndome cada día de que se nos terminan las ideas y también las letras del abecedario para ir denominando a las nuevas generaciones. Al principio eran bastante sutiles y hasta agradables: «millennials», «centennials», «digital natives», «e-generation», «app generation», «net generation», «touch-screen generation», «Google generation»; hasta que llegaron las versiones más genéricas e imprecisas, como las generaciones C, X, Y, Z, Alfa o Lol.
Tuvieron que pasar miles de años para que el Homo habilis —aquel de cerebro pequeño que apenas empezaba a tallar piedras— diera paso al Homo sapiens, capaz de desarrollar el lenguaje, inventar la escritura, los números o la lámpara incandescente, conquistar el espacio y crear tecnologías tan sorprendentes que hoy amenazan con relegar al pensamiento humano a un simple procesamiento digital de unos y ceros. Sin embargo, la aceleración de las nuevas generaciones impulsada por estas herramientas parece saltarse etapas evolutivas, resultando en una anomalía desconcertante para quienes rastrean el linaje entre el chimpancé y el Homo digitalis. Algo se perdió en el camino.
Según el Doctor en Neurociencia Michel Desmurget, «las pantallas han provocado una transformación sustancial del funcionamiento intelectual de los jóvenes —que ahora se llaman «nativos digitales»— y de su forma de relacionarse con el mundo […]. Las tecnologías digitales están ya tan imbricadas en sus vidas que es imposible separarlas de ellas […]». Los jóvenes de hoy dominan los videojuegos, el acceso a la Internet, pasan rápidamente de una cosa a otra, pueden hacer varias cosas a la vez, «son multitarea», dominan las herramientas tecnológicas como ninguno de nosotros los mayores podría hacerlo, pareciera que son como extensiones de sus dedos o de sus propios cerebros; pero muy difícilmente dominan competencias como la lectura comprensiva, la escritura o el pensamiento crítico. Pueden elaborar contenido multimedia para subirlo a una plataforma, pero muchos no son capaces siquiera de crear un blog personal con un contenido serio: un verdadero abismo entre el conocimiento común y el científico. Esta generación es el mensaje vivo que estamos enviando al futuro y que nunca podremos ver.
¿Qué les está pasando a estas nuevas generaciones? ¿Son quizá fruto de algún error que nosotros, como padres o educadores, hayamos cometido, o de algo que hayamos omitido? O, en definitiva, ¿permanecimos ciegos ignorando a esta nueva generación del hombre digital? Al parecer estamos viviendo la ruptura histórica más grande entre la lógica humana y la tecnología digital, más aún hoy con el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA).
Los maestros y los padres, con una lógica del s. XX, tenemos que enfrentarnos a un grupo humano con una manera muy peculiar de relacionarse con el mundo, tan distintos a nosotros los adultos que ya no podemos utilizar nuestros conocimientos, nuestra experiencia del siglo pasado, y pensar en qué es mejor para ellos en materia educativa. Los profesores no están capacitados para enfrentar sus desafíos, sus expectativas; en resumen, nunca podrán estar a la altura, nunca entenderán el lenguaje «casi digital». Es momento de plantear un nuevo desafío pedagógico que tenga en cuenta ese proceso de evolución tecnológica por la que está pasando la sociedad. Enseñar a jóvenes del s. XXI con una lógica pedagógica del s. XX no permitirá formar los talentos del mañana.
No podemos pasar de soslayo que la presencia masiva de las pantallas en la vida de los jóvenes ha dado lugar a una nueva generación de personas. Si el sistema educativo quiere lograr algo de coherencia, tiene la obligación de adaptarse a esta revolución tecnológica o morir en el intento.
Convivimos con las generaciones «X» y «Z», las del «six-seven», y no sabemos qué significa, ni siquiera muchos de ellos lo saben. Ni se imaginan que —en tono de broma— en los próximos años tendrán que levantarse a las «six» de la mañana para ir a trabajar y volver a las «seven» de la tarde los «six» días de la semana, y el día «seven» lo dedicarán a lavar la ropa y ordenar su pieza. Una generación a la que le teníamos mucha fe, pero que cada día nos cuestiona más con su respuesta.
Grupos de activistas defienden esta nueva tendencia en las redes: «Farmear Aura«, justificando que «farmear» proyecta seguridad, carisma, estilo y presencia en los jóvenes, y ganar «aura» es hacer cosas que aumenten su imagen. Un algo para que los coetáneos los vean más cool. ¿Qué tan baja podría estar la autoestima de la generación «Z» para salir y enfrentarse a otro haciendo movimientos sin sentido, ridículos y copiados de los videojuegos frente a los demás, para aumentar su «aura», es decir, su actitud, carisma y creatividad, en el intento de generar admiración? Detrás de todo esto hay códigos, rituales y formas de reconocimiento para evaluarlos que van desde el 6-7 hasta el mewing.
Todo esto parece demostrar que estas nuevas generaciones solo muestran una carencia de identidad y sentido de pertenencia con la sociedad en la que viven, que están cansadas de ella y que buscan, a través de nuevas formas de expresión, algo que ya no distingue lo digital de lo real, y llevan el contenido de las pantallas a su cuerpo.
Cada día la brecha entre las generaciones es más grande y no terminamos de entender a los jóvenes. Para el filósofo alemán Walter Benjamin, «el aura es la presencia única, irrepetible y original de una obra de arte en un tiempo y espacio determinados, ligada a su valor ritual y a su tradición, es el aquí y el ahora»; en la era digital y de la inteligencia artificial, el concepto de aura de Walter Benjamin se transforma radicalmente. El arte ya no se reproduce mecánicamente desde un original físico: es inmaterial, es digital. Esta nueva forma de arte —el arte digital— carece de soporte físico; se genera de forma virtual, infinita e instantánea, y puede estar en varias partes a la vez. Parece que los jóvenes están entendiendo esto bastante mejor que nosotros los mayores.
** «Farmear» Del vocablo inglés FARM (cultivar)
Viene de la cultura Gamer: Repetir acciones para conseguir recursos o experiencia.
«Aura» En este uso refiere al carisma, la presencia, el estilo o la capacidad de generar admiración.
«Farmear aura» es el nuevo producto cultural de nuestro tiempo. Un individuo ocupa el centro de la escena y repite movimientos basados en códigos compatidos. Al mostrarse ante otros busca reconocimiento.





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