Por: TELGUI
Una de las Cuestiones disputadas de TOMÁS de Aquino desarrolla el tema del mal a partir de la asunción cosmológica y teológica de que la creación y la vida son bienes, y que su defecto o supresión constituyen males; por tanto, el mal es una ausencia, una carencia, una falta.
Así, la categoría tomista del mal enlaza con la ética grecorromana, en la que lo malo es la negación de la acción o de la pasión orientada hacia el bien metafísico, hacia lo socialmente correcto o esperable y hacia aquello que los dioses y los hombres piadosos ponderarían, es decir, pesarían comparativamente, como bueno o estimable.
De esta manera, TOMÁS de Aquino involucra en su De Malo los diversos aspectos en los que el mal opera o manifiesta su eficacia, comprendiendo desde el mundo físico hasta el mundo interior del individuo. Es decir, el mal puede manifestarse en todo, porque todo está sujeto al defecto cosmológico, físico o moral.
Esto nos conduce a la conclusión fáctica y teológica de que, si bien la creación y la vida son un bien, su propia naturaleza involucra la posibilidad de su desorden y la certeza de su perecimiento y fin; es decir, de su supresión o muerte. Y como el meollo del cristianismo es la supresión de la muerte y, por tanto, del defecto, de la falta y del mal a través de la Anástasis, de la Resurrección de Cristo —que involucra la resurrección universal de quienes murieron antes de Cristo y de quienes están por venir—, la teodicea y la Historia Salutis se entrelazan y se cierran circularmente, desde los inicios cosmológicos hasta el futuro desconocido, dando también por concluido el paso y la existencia del tiempo, que es la marca inevitable de la disolución y de la muerte.
Si bien con el sistema de TOMÁS de Aquino se integran y pueden complementarse casi todas las disciplinas y categorías conceptuales en torno a su concepción del mal, el análisis lingüístico, en el que, curiosamente, radica y se funda todo su sistema, se encuentra ausente. Esto se entiende porque TOMÁS de Aquino estructuró su obra a partir de textos latinos o de aquellos traducidos al latín desde el griego o el hebreo, y no directamente desde esas lenguas.
El mal como carencia procede del término apousia, que, en griego, tal como lo utiliza GREGORIO DE NISA en su Logos Kateketichos —traducido como Oratio Catechetica Magna—, se presenta como lo opuesto a la ousia divina, porque la anteposición de la partícula ap al vocablo ousia, participio presente del verbo einai, «ser», indica la ausencia.
Por otra parte, en la Grecia arcaica y clásica, ousia se utilizaba para designar el conjunto del patrimonio o de los bienes hereditarios que hacían que un hombre fuera considerado como tal; por tanto, el posible uso del vocablo apousia podría señalar no solo una carencia, sino también una degradación económica, social y psíquica.
Bajo esta perspectiva, el concepto de mal también alcanza a las ciencias sociales contemporáneas y a las diversas formulaciones psicológicas y cognoscitivas que enlazan con las concepciones médica y política de la salud y del bienestar.
Ahora bien, la ausencia no es solo un vacío, un no ser, ya que la carencia de algo no solo limita o constriñe, sino que también define y reformula aquello mismo de lo que se carece. Así se entiende la posición de FLORENSKY cuando concibe al mal como una fuerza actuante y no simplemente como una nada.
La Paz, agosto de 2026






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